Confesionario.
Estimada Milena: sí, adivinaste, te voy a decir lo mismo que estás pensando: sos una pelotuda. Sabés muy bien que hay cosas más importantes en la vida y que no vale la pena gastar tu tiempo en ese tipo de gente. También sabés perfectamente que no estás para hacerte mala sangre 'porque una flaca le firma en el muro'. No, no seas así de pelotuda y abrí los ojos.
Bueno, hasta acá está todo bien digamos... porque esto ya lo se y trato de grabármelo en la cabeza. Pero eso no significa que sea el único mambo que tengo, ya que hay 19358 más que me taladran la cabeza, día y noche. ¿Qué son? No, no son por pibes. La mitad de mi familia está loca (pero en el sentido que es enferma) y hace años que no veo a algunos de mis parientes. Enfermos, traidores, garcas que no supieron valorar todo nuestro esfuerzo y ayuda cuando más lo necesitaban. Y así terminamos, peleados y sin reconciliación alguna.
¿Otra cosa? Hace menos de un año, yo empecé a verme rara en el mal sentido. No me gustaba lo que se reflejaba en el espejo, me deprimía y me encerraba en mi piesa a pensar cómo solucionarlo, pero decidí ir por el mal camino. Ya se imaginan ustedes... ahora lo pienso y me dan ganas de llorar. ¿Tan estúpida tenía que ser? ¿Por qué me dejé llevar por una falsa imagen? ¿Por qué tuve que amargar a todos los que me amaban, por algo que me destruía por dentro? ¿Por qué fui ciega, sorda y muda? No veía la realidad, no escuchaba a mis seres queridos, no decía nada. Simplemente hice lo que se me cantó, y desconfiando de todos, hasta de mi mamá y mi abuela. Y eso que son las personas que mejor me pueden llegar a entender. Pero no... no podían hacer nada para cambiarlo. Todos los días intenté ocultarlo, pero mis ojeras y mi piel pálida me delataban.
Pienso esto y me agarra una angustia que ni se imaginan lo dolorosa que es. Pero a pesar de
todas las cosas malas que me pasaron, en ningún momento bajé los brazos. Voy a seguir mi camino, que me quedan muchas baldosas por pisar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario